Rock al Parque 2026 – Un ruidoso cumpleaños con muchos invitados
Se celebró la edición 30 del festival capitalino

Fecha: Sábado 10, domingo 11 y lunes 12 de octubre de 2026
Lugar: Parque Simón Bolívar
Calificación: 8.0
Texto: Alejandro Bonilla Carvajal
Fotografías: Enrique Díaz
Fotografía Elsa Riveros cortesía de la artista
MEMORIA Y ANIMALES POLÍTICOS
Edición número 30 del famoso, querido y siempre polémico festival más grande de rock de nuestro país. Fue en 1995 cuando la Alcaldía de Bogotá decidió abrir un espacio para que la gran cantidad de agrupaciones de rock, metal y punk de entonces pudieran encontrar un escenario de gran escala para exponer su talento.
La idea caló, y fueron muchas las propuestas que se presentaron en un evento que tuvo impacto mediático y social desde su primera edición. Una acogida impresionante de público, buen comportamiento y el inicio de la historia de los grandes festivales que llevaría más adelante a que la empresa privada apostará por ideas como Estéreo Picnic o Cordillera.
Sin embargo durante la primera alcaldía de Enrique Peñaloza (entre 1998 al 2000), este personaje, uno de los buitres políticos de derecha más deplorables para gobernar que haya conocido la capital, optó por eliminar Rock al Parque por ser “un gasto innecesario para la ciudad”.
Por fortuna hubo sentido común y fueron muchas las firmas recogidas entre los ciudadanos para que la cita anual pudiera seguir adelante y así logró con algo de sufrimiento una cuarta edición en 1998. Todo ello con la bronca de Peñaloza, sujeto que lo único que supo en la vida fue privatizar, poner bolardos y darle un cáncer a Bogotá llamado Transmilenio.
Rock al Parque fue creciendo en estas tres décadas como su estructura y su audiencia. De una sola tarima ahora se dispone de cuatro. De convocar a pocas bandas internacionales pasó a tener decenas y el cupo de los actos nacionales también creció ostensiblemente. Por consiguiente es una maratón de conciertos provista de una buena zona de comidas, un mercado de emprendimientos y hasta bares que funcionan mientras la música no se detiene.
La historia actual es tan diferente que sin importar la línea política del alcalde de turno, todos se quieren subir al bus de los éxitos de Rock al Parque para sacar réditos.
Prueba de ello es Carlos Fernando Galán. Otro mandatario mediocre, hipócrita y puesto ahí por la derecha recalcitrante para prohibirle a la juventud que fume marihuana y se divierta. Creó unos escuadrones de “paraquitos” con chaquetas rojas y logos de la Alcaldía solo para fastidiar a los ciudadanos mientras la inseguridad, la de verdad, no un bareto o un colado en Transmilenio, agobia día tras día altísimas cifras de atracos y asesinatos.
Sin vergüenza alguna, Galán, salió días antes del festival a presentar algunas de las bandas invitadas a Rock al Parque a través de un reel como si fuese un logro propio de su alcaldía.
No contento con hacer así el ridículo, el burgomaestre puesto a dedo por el genocida de Álvaro Uribe, ofició el estreno de una escultura que nadie necesitaba. “La rockera” es un adefesio que presenta una cabeza sin ojos, sin boca, y con unos audífonos encima. Como si alguien fuera tan tonto de irse a un festival con desborde de decibeles a escuchar música con sus audífonos. La pieza no tiene cuerpo, gracia o mensaje diferente a que “acá necesitábamos gastar una plata para que el alcalde se tome unas fotos y diga que apoya a Rock al Parque”.
Esto es lo malo del festival. Sufre al dejarse manosear de tanto político inservible. No han faltado las voces que piden privatizar el festival, liberarlo de comentarios políticos o acabarlo ya que varias veces los asistentes elevaron coros en contra de Abelardo de la Espriella. ¿Si allí el pueblo no se puede expresar entonces qué nos queda a quiénes lo financiamos con impuestos?
Si quizá su postura es distinta, entonces aprenda tocar, componga unos temas y súbase a cantarnos sobre los beneficios del fracking, o el de apoyar el genocidio de Israel o tal vez prohibir el aborto. Buena suerte con su banda, y no olvide pedir que lo inviten a presentarse en la Casa de Nariño.
El rockero no es tonto. Más aún cuando este evento es multigeneracional y es díficil que alguien que guste de esta música en Colombia no lo haya pisado alguna vez. La clase dirigente es solo un puente, pero el destino está claro para la mayoría: pasarlo bien, porque los políticos como el papá de Galán, desaparecen, pero el arte es para siempre.
DÍA 1

La jornada dedicada al metal es uno de los momentos top de Rock al Parque. Convoca masivamente y es bien llamativo con sus miles de espectádores vestidos de negro, sus alocados pogos y sus guturales de ultratumba que asustan a las viejitas rezanderas.
Me atrevo a creer que si exisitiera un Metal al Parque le ganaría a Rock al Parque en convocatoria, porque en la capital el gusto por el rock es casi por extensión una puerta abierta al thrash, death, black y demás vertientes de la música extrema.
Darkness, uno de los nombres insignia de esta corriente, abrió acciones en el nuevo escenario denominado BBC. La famosa cervecería puso su propio lugar en el Simón Bolívar y allí se despachó la querida bebida dorada, aunque pudo ser más rápida la atención a las extenas filas que habían para llegar hasta sus dispensadores.
La banda bogotana contó con Rodrigo Vargas al frente en voz y guitarra. Qué bien que su aparición en el Tortazo Metal 2025 no fue solo una invitación. Ese señor es la voz y la cara del veterano conjunto thrash y su química con el público es incuestionable. Desafortundamente el tiempo en tarima se fue rápido y nos quedamos sin escuchar su canción más recordada: ‘Metalero’.
Al otro lado del parque, en el escenario principal, Narcocracia se fue con sátira y furia contra esa maldita clase dirigente que actualmente mal conduce a este país. Leandro Martínez, su cantante, apareció ataviado en chaqueta rosada y pantalones militares de color rosa. Narcocracia me simpatiza porque dice las cosas que todos sabemos pero que a muchos les da miedo decir y por eso optán por cantar de demonios, vampiras y otras cosas de infantes. La banda bogotana no es timorata.
Vein es una de las mejores propuestas de metal pesado de la ciudad hoy por hoy. Hay elementos de thrash, death y un groove que inevitablemente te hará sacudir la cabeza. El espectáculo, enérgico de inicio a fin, se complementó con las visuales creadas sobre el escenario por el ilustrador Iván Chacón.
Hellbutcher, venido de Suecia, es uno de esos grupos que apela a la nostagía y la brutalidad. Vaya pinta la de su cantante de nombre homónimo, ataviado en cuero y taches. No obstante luego de unos temas los encontré algo reiterativos y pasé del escenario Plaza al Bio donde Stracusae se fajó un set que reafirma que es una banda con un panorama ambicioso. Tocan metal pesado, cosas de djent y progresivo, pero sin perder un enfoque hardcore que me gustó.
Con la noche encima fui a ver al dupla paisa del punk: Nadie seguido de I.R.A. Ambas formaciones saben de sobra cómo dar shows contundentes. En ese punto el escenario Eco era un hervidero de pogos, saltos y sonrisas. I.R.A. lleva 40 años dando batalla. Con un mensaje de independencia, autenticidad y rebeldía como pocos. Nadie toma esa antorcha y la explota como otro referente de distorsión contestataria.
Luego, Darkest Hour nos mostró que el sonido metalcore reclamaba su lugar. La banda estadounidense sonó muy afilada en ese mismo escenario mientras el pogo era más algido y los riffs remecieron el suelo.
De vuelta al escenario Plaza nos encontramos a los capitalinos de Perpetual Warfare demoliendo con sus temas raudos que abordan realidad sociales. El cuarteto celebró 20 años de carrera por lo alto. Además de sonar muy compactos, tuvieron un performance con la participación de Tony Portaro, guitarrista y cantante del grupo norteamericano Whiplash, y hasta se dieron el lujo de empuñar la bandera de Palestina ante una audiencia frenética.
Apocalyptica cerró acciones en esa misma tarima con un repertorio de diez temas dedicado a Metallica, recordandonos que hace 30 años la banda finlandesa lanzó su primer álbum que incluyó versiones de la famosa banda. Por otra parte nos trajo a la memoria ese primer show en Rock al Parque en 2005 donde ofreció un repertorio muy similar.
El escenario Bio tuvo como acto final a Triptykon. El conjunto suizo liderado por el legendario Tom Warrior ofreció temas clásicos de Hellhammer y Celtic Frost que funcionan muy bien con ese sonido denso, sombrío y por momentos experimental. Claramente una propuesta que no es para todos pero que estoy seguro que fascinó a los presentes.
En calma todos nos marchamos a casa. Por mi parte creo que este ha sido uno de las jornadas dedicadas al metal más fabulosas en que haya estado. Tengamos presente que en este país ni el Festival del Diablo, Knotfest o el Colombia Metal Fest han superado las tres ediciones sucumbiendo finalmente. De esta forma, gustenos o no, Rock al Parque es el único festival de metal consistente por estos lares.
DÍA 2

Acá lo que dominó es el rock en español, el reggae, las fusiones. Claramente no es mi línea. Nunca he escuchado a Mon Laferte y no tengo interés en hacerlo. ¿Qué ella convocó muchísima gente porque es una artista consolidada en Latinoamérica? Estupendo, pero devuelvo la pregunta, ¿la chilena toca rock? Yo lo dudo.
Esteman fue realmente el paquete del festival. El tipo hace pop, y bastante maluco. Claro, cuando tienes un manager que te pone en el escenario principal de un evento de este calibre vale la pena pensar por qué tantas bandas bogotanas deben inscribirse, esperar a ser escuchadas por un jurado que en muchos casos no está conformado por gente idónea y luego, si tienen suerte, audicionar en un teatro sin público para ellos. Bueno, Esteman no tuvo que hacer nada de ello. Sencillamente con decir que representa a la comunidad LGTBI y mostrar uno de sus melcochudos temas, ahí lo colocaron bien alto en el cartel. Absurso.
La que sí se ganó su lugar a pulso fue Elsa Riveros. La ex cantante de Pasaporte nunca se había presentado en Rock al Parque. Nunca fue invitada pese a ser una de las fulgurantes estrellas del recordado Concierto de Conciertos de 1988 y de tener uno de los hits gordos del rock nacional por cuenta de ‘Desvanecer’, su colaboración con Poligamia de 1992.
La artista participó en el proceso como cualquier banda emergente por primera vez y logró su lugar en la tarde dominical con un concierto muy bonito, sentido y nostálgico en el escenario Eco. Su voz mantiene ese estilo tan característico donde el pop y la tradición del rock en español de la primera ola convergen. Sin duda la llamada Primera Dama del Rock Colombiano se merecía un show en Rock al Parque.
Con esta tarea realizada, me retiré del Simón Bolívar para ir al escenario adjunto, el Vive Claro, con el propósito de ver en acción a Iron Maiden.
DÍA 3

En la jornada final es evidente que varios géneros se mezclaron logrando llamar una audiencia bastante heterogenea. La lluvia que había estado ausente durante los dos primeros días se hizo sentir en esta tarde, pero nada de eso contuvo la adrenalina y emoción del rock and roll en vivo.
V For Volume son los abanderados del rock alternativo en Bogotá. El cuarteto liderado por María José Camargo conoce el poder de sus canciones con ganchos melódicos, que pueden ir de la energía del punk rock a canciones más reposadas y sensibles, sin mayores sobresaltos. En la banda todos son músicos de experiencia, y Camargo sabe cómo conectar con el público. Así fue cóo terminó su show encima de los brazos de los miles de presentes. Maravilloso.
Ministry se plantó cómo lo que es: los reyes del metal industrial. El cantante Al Jourgensen tiene un look digno de una película post apocaliptica y su música no dista de ello. El grupo está cerrando su carrera luego de más de cuatro décadas con un disco y una gira final de la cual este show no hace parte ya que esta fue una visita exclusiva, pero que celebramos ya que seguramente fue el debut y despedida para la grandiosa banda originaria de Chicago. Once temas que supieron a poco dada la emoción de los presentes.
Los argentinos Rata Blanca fueron los encargados de dar el gran adiós. La agrupación va a medio camino entre el heavy metal y el hard rock con mucho peso en la guitarra de Walter Giardino y la extraordinaria gargante de Adrian Barilari. En el escenario Plaza todas sus canciones fueron coreadas por los miles que colmaron el lugar. Por supuesto, ‘La leyenda del hada y el mago’ junto a ‘Mujer amante’ llevaron al extasis a más de uno. El conjunto se ha presentado en muchas oportunidades en nuestro país, pero esta era su primera vez en este festival y de manera gratuita.
Esta vez no hubo fuegos artificiales para el cierre y por fortuna nos salvamos de algunas palabras y/o arengas del inútil del alcalde o el secretario de cultura, que no perdona espacio para coger un micrófono y hacer campaña. Estos personajes, como indiqué al inicio de esta reseña, son unos oportunidades de las guitarras eléctricas y las multitudes. Esto último es lo que realmente les importa. A nosotros los asistentes no nos importan ellos, y sí la larga vida que tendrá uno de los festivales del corazón.
¡Felices 30 Rock al Parque!
