Marilyn Manson – “One Assassination Under God – Chapter 2”
La tribulación del “Anticristo”
Nuclear Blast
Por: Alejandro Bonilla Carvajal

A 30 años de haber publicado su escandaloso y transgresor álbum “Antichrist Superstar”, la eminencia del rock industrial edita el decimotercer capítulo de su abultada discografía. Como su título lo indica, es el segundo episodio de lo que comenzó hace dos años, justo cuando estaba en el ojo del huracán por cuenta de una serie de graves acusaciones de abusos sexuales y psicológicos por parte de la actriz Evan Rachel Wood. A estas denuncias se sumaron otras más por parte de mujeres en su mayoría ligadas al mundo del espectáculo.
Brian Warner, que es el nombre de pila del provocativo cantante, ha podido salir avante hasta el momento en el campo judicial, y medianamente en el artístico, en una época que ser funado a través de las redes sociales puede ser una “sentencia de muerte” para cualquier figura pública.
Sin gozar del éxito comercial que tuvo en el pasado cuando sus discos desfilaban en el Top 10 de Billboard, el llamado “Reverendo” continúa haciendo el rock extravagante, sombrío y sofisticado que gústenos o no, lo ha hecho un fuera de serie en la industria del rock masivo.
Si bien la primera parte de “One Assassination Under God” develó a un Manson más enfocado por cuenta de la visible sobriedad que hoy ostenta, además de reflexivo en sus líricas, esta nueva entrega no resulta tan satisfactoria. Claro, los pilares de su música siguen ahí: lo gótico, lo maquinal, la filosofía maldita que enarbola su concepto, empero la composición a mi juicio no suena tan brillante.
La partida con ‘Unalive’ es tan misteriosa como exquisita con ese slide de guitarra. El timbre de Manson no ha variado en demasía a más de tres décadas de ejercicio musical. Así que sea que se le conozca mucho o poco, esta partida furiosa suena tan familiar como grata.
‘Don’t Answear the Door’ tiene la onda darkwave y terrorífica en la que este tipo siempre estará cómodo. ‘Front Toward Enemy’ trae de vuelta el lado colérico y desbocado de Manson. Pero si se le compara con clásicos de su catálogo de los noventa y la primera década de los dosmiles, no es nada del otro mundo.
‘All the Vilest Things’ es demasiado pausada y sirve solo para qué él exprese que está aquí pese a todos los desafíos, errores y maldad de sus opositores.
‘None of the Suns’ recaba en esa melancolía. Manson no es el cantante más virtuoso cuando su voz no está respaldada por muros de distorsión, pero la pieza sirve de bisagra para la cara B.
Es entonces cuando ‘Lucifer’s Teardrop’ rearfirma el carácter darkwave de este disco, en el que el protagonista junto al multiinstrumentista Tyler Bates, quien también oficia como productor, parecen abrazarnos.
El cierre con ‘The Arsonist’, ‘Exit Wound’ y ‘Enantiomorph’ van con trozos casi narrados, densidad en bajos y sintetizadores cinematográficos. Es un epilogo introspectivo que merece varias escuchas porque carecen de estribillos gancheros.
Este es un álbum que no desentona en la línea estilística del disrruptivo cantante de 57 años de edad. No es una vuelta a su era dorada ni una evolución sobresaliente. Se nutre de un concepto artístico de largo aliento que está en el oyente tomarlo o dejarlo. Me quedo con lo primero pero con un vacío de que esto pudo ser superior.
